Cómo evitar las discusiones por dinero en la pareja




Según los expertos, no hay una forma ideal de organizar el dinero en pareja, pero sí aconsejan tener una cuenta común y dos individuales, el modelo más extendido en España

Dinero y amor son dos conceptos diferentes, pero si uno falla el otro también se resiente. En 2016 se produjeron 101.294 separaciones, declaraciones de nulidad y divorcios en España, uno de los países europeos con la tasa más alta, lo que supone que cada cinco minutos se rompe un matrimonio en nuestro país. Razones de discusión conyugal hay muchas, pero, según los expertos, la cuestión económica es una de las principales. La pregunta es, ¿qué se puede hacer para evitar que el dinero se convierta en un problema de pareja?

Laura tiene una cuenta conjunta con su marido, donde van a parar los sueldos de ambos. “Nunca nos planteamos hacerlo separados. Menudo lío sería. Para nosotros es una forma de simplificar”. La clave de que les funcione este método comunista de llevar las finanzas familiares es que tienen una idea similar a la hora de gastar. No son derrochadores y las diferencias en cuanto a los sueldos y los pequeños caprichos no suponen un problema para ellos. “Otras parejas que tienen las cuentas separadas dicen que si las tuvieran juntas el otro se enteraría de lo que le ha costado un regalo, por ejemplo, pero son excusas. Si lo hacen así es porque quieren”, cuenta.

Isabel, en cambio, decidió tenerlas separadas. “Es la clave de la salud en una pareja”, explica. No tienen ninguna cuenta conjunta y los gastos comunes (comunidad, agua, gas, colegio de los niños, hipoteca…) se reparten de forma equilibrada para que cada uno asuma una parte. “No me gustaría que mi pareja me controlara lo que compro porque si me apetece darme un capricho me lo doy. Yo soy más derrochadora que él, y para nosotros es mejor hacerlo así, porque si no nos daría bastantes problemas”.




Alberto y su mujer han optado por una fórmula intermedia: cada uno tiene su propia cuenta, donde ingresan sus nóminas, y los gastos comunes los tienen en otra conjunta en la que aportan la misma cantidad de dinero al mes. “Para mí, esta forma es más sana y justa. Una familia es como una pequeña empresa en la que hay gastos y beneficios. Además, garantiza la independencia económica de ambas partes y evita disputas si alguno de los dos quiere hacer algún gasto extra. Las columnas más sólidas son aquellas que están en paralelo y por las que puede pasar el aire”, alega para defender su método. “Eso no quiere decir que si alguno de los dos necesita algo, el otro no le vaya a ayudar”, explica.

Para Miguel Perelló, psicólogo clínico experto en terapia de pareja, este último es el modelo que se impone ahora mismo en la mayoría de los hogares españoles. En su consulta ha visto más parejas en vías de separación peleándose por asuntos económicos que por los hijos. Y es que “cuando el dinero sale por la puerta, el amor lo hace por la ventana”, asegura.

¿Qué método es mejor?

CUENTAS SEPARADAS Y UNA COMÚN: “¿Y esa factura de 100 euros en tal restaurante?”, “¿y esa de 50 en unos zapatos?”. Éstas son algunas de las frases más escuchadas en los hogares españoles. ¿Cuál es el modelo más recomendable para evitar este tipo de peleas? “Es cierto que en el caso de llevar las finanzas separadas es todo más sencillo y queda todo más claro, sobre todo si se tienen sueldos diferentes. Ahora bien, otros pueden pensar que si se han casado es precisamente para compartirlo todo”, alega Eduard Gironella, ‘coach’ financiero de la consultoría acOnseguir. Para Perelló, la clave para que una pareja funcione es el tercer modelo: “Tener un conjunto, pero mantener también la individualidad, de forma que si se quiere hacer un gasto extra no le repercuta al otro”. A pesar de ello, para los expertos no hay una forma ideal, ya que depende de la naturaleza de cada pareja.

CUENTAS SEPARADAS: El hecho de que uno de los miembros cobre más no tiene por qué suponer un problema, siempre que ambos estén de acuerdo con la forma en la que contribuyen. Pero no siempre es así. “El dinero en nuestra sociedad es el que marca el poder”, explica Perelló, y cuando una parte de la pareja gana más que la otra en ocasiones se generan fricciones. “Si hay mucha diferencia, esta persona puede creerse con el derecho de controlar y decidir en qué se puede gastar y en qué no”. En los casos en los que no se comparta un plan y haya desacuerdos, es más aconsejable tener las cuentas separadas.




CAJA B: En ocasiones, estas situaciones provocan que uno de los miembros de la pareja acabe haciendo trampas tanto para sortear el exceso de control por parte del otro, como para evitar que el otro gaste de más, guardándose así una parte. “Y cuando se descubre, surge un grave problema porque el otro se siente traicionado”, cuenta Perelló.

¿Y SI ELLA GANA MÁS? Éste es el caso de Noelia. Ella ingresa el 80% de su sueldo en una cuenta conjunta con su pareja, que ingresa el 90% para equilibrar. “Para mi marido no supone ningún problema que yo cobre más y para mí tampoco. Es más, él es el que controla todas nuestras finanzas, porque yo no soy muy ahorradora y además soy dejada para el tema del dinero”, cuenta. Y es que, según el experto en terapia de pareja, ellas son mucho más generosas que ellos cuando son las que reciben un salario más alto.

CUENTAS JUNTAS: El caso contrario, el de ser generoso con la pareja aunque uno gane más que otro, “puede dificultar la defensa de los intereses individuales por el ideal de amor romántico”, argumenta el psicólogo, pero podría llevarse a cabo en el caso de tener ideas parecidas con respecto a las finanzas.

UN FACTOR CULTURAL: A veces, el hecho de elegir una manera u otra viene determinado por lo que hayamos visto en nuestros padres. “En los años 60, 70 y 80, el método conjunto era el más extendido entre las familias españolas. Y es que, a menudo, el marido era el que aportaba el sueldo y el más exigente a la hora de decidir en qué se gastaba”, alega Perelló. Pero ese factor cultural también puede estar influenciado por la sociedad en la que se vive. Los matrimonios en Cataluña y Baleares se rigen por defecto bajo el régimen de separación de bienes, que establece que cada cónyuge sigue siendo dueño de sus ingresos y posesiones. Esto motiva a los miembros de la pareja a seguir con esta fórmula a la hora de gestionar su dinero. Pero en el resto de comunidades autónomas se establece un régimen de gananciales, que implica que tanto el dinero que cada cónyuge gana como los bienes que adquieren durante el matrimonio pertenecen a ambos por igual, por lo que la mentalidad cambia.

Consejos para evitar problemas

PRIORIZAR: “Por ejemplo, el trabajo fuera de casa dificulta dedicarse a las tareas del hogar y una de las partes propone contratar a alguien, pero el otro decide que no tienen dinero para eso. En cambio sí tienen para ir de vacaciones… Este tipo de situaciones generan muchas discusiones porque la priorización debe ser compartida“, explica Perelló. El psicólogo ha detectado en su consulta la poca capacidad de negociación de las parejas a la hora de decidir cómo gastar su dinero. Gironella está de acuerdo: “No hay un gasto mejor que otro; unos se lo quieren gastar en hacer un viaje exótico, otros en comprarse un coche nuevo cada año y otros en llevar a sus hijos a un buen colegio, pero la familia debe estar de acuerdo”.




PLANIFICAR: Es otra de las claves para que no surjan fricciones. “Hacer un presupuesto anual de lo que se va a ingresar y de los gastos más importantes que se van a tener: colegio de los niños, hipoteca, vacaciones, deudas… y ver cuánto se va a destinar a cada uno de ellos. Pero luego hay que seguir ese planning, porque si se gasta más, vienen los problemas”, explica el asesor financiero.

PREVER SITUACIONES: También es aconsejable evitar, en la medida de lo posible, ir cortos de dinero, porque cuanto mejor se vaya en este sentido, menos discusiones surgirán. Hay situaciones inevitables, como el hecho de que uno de los miembros sea despedido. “En estos casos, no queda otra que tener paciencia y ayudar al otro. Para eso es el matrimonio, al fin y al cabo”, dice el psicólogo. Pero para el asesor, hay que prever todos los escenarios posibles, incluido ése, y analizar al detalle las repercusiones económicas de las grandes decisiones como comprarse una casa o un coche preguntándonos: “¿Qué pasaría si…?”.




COMUNICARSE: Es importante hablar de las necesidades de cada uno para que éstas estén cubiertas. “El dinero es sólo un medio, no un fin (aunque posiblemente Tío Gilito discrepe)”, argumenta el ‘coach’. A veces, se tiende a gastar mucho porque hay necesidades de afecto desatendidas, pero “dar amor es gratis”.

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